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Reviviendo la llegada de Doomsday


Tuve la edición original de La Muerte de Superman. La de la bolsa negra, con su banda para el brazo. Y aún recuerdo la sensación de logro que experimenté al comprarla, lo bonito que sentí al abrir el ejemplar y leerlo. Tal vez fue debido al hype del momento por lo cual en aquel entonces me gustó, pero en estos últimos años, cuando he vuelto a leerla, ya no me parece tan buena. Incluso he llegado a pensar que, fuera de su valor histórico, no existe ninguna otra justificación para revisitarla.

Superman estuvo “muerto” menos de un año. Sólo las ventas de DC lo resintieron. Tuvimos entonces cuatro supermanes que salieron a hacer el relevo y que ahora ya casi nadie recuerda. Es una pena.

El único número original que tuve de La Muerte de Superman fue ese último, el que en la página final se desdobla para formar una imagen enorme de Luisa Lane imitando la pose de la virgen María en La Piedad. De ahí en fuera, no recuerdo haber hojeado algún otro ejemplar suelto de esa historia. Siempre leí La Muerte de Superman en tomos recopilatorios, tanto en inglés como en español.

Por ese motivo es que llamó tanto mi atención ver el primer número de esta historia impreso de forma individual y en español. Su portada es un perfecto facsímil de aquél ejemplar de 1992 de Superman The Man of Steel #18, con Doomsday envuelto en su traje verde, destrozando las letras del título. Incluso llegué a pensar que por dentro también podría venir en inglés, pero no. Según entiendo Editorial Televisa lo imprimió para celebrar el aniversario de aquel acontecimiento, y con motivo de la visita de sus creadores a La Mole. No habría otra razón por la cual alguien quisiera reimprimirlo. Sobre todo cuando durante los últimos años hemos visto el tomo recopilatorio impreso en varias ediciones.

Todos conocen la historia de este primer número: Doomsday comienza a caminar con rumbo a Metropolis, destruyendo todo a su paso, mientras un grupo de monstruos subterráneos deja sin luz a la ciudad en un intento de apoderarse de ella. Un episodio rápido y bastante prescindible en la historia de Superman.

Pero me gusta la idea del facsímil. De inmediato te transporta a la época. Es como toparse de pronto con una joya. El único pero que le pondría es el tipo de papel (que no se parece en nada al papel en el que originalmente fue impreso) y que la aplicación de color es más moderna que la disponible por aquél entonces; no tiene ese sentimiento de “viejo”. De haber cuidado también estos dos puntos sería un hermoso y perfecto ejemplar. Pero entiendo que sólo es un número hecho para “conseguir el autógrafo del autor”, y para tal propósito, cumple.

No sé qué tan fácil sea conseguir una copia, pero si son fanáticos de la nostalgia vale la pena que se hagan de una. De otra forma, no le veo mucho el chiste.