Cine

La Cura Siniestra (Reseña)


Gore Verbinski vuelve a explorar los terrenos del horror desde el remake de “El Aro” en el 2002, acaso la mejor recuperación occidental de J-Horror. Catalogado como uno de los directores más prolíficos en términos de recaudación (Piratas del Caribe), también ha sido responsable de los mayores descalabros económicos recientes (El llanero solitario). Con “La Cura Siniestra” (A Cure for Wellness), película que nos ocupa, intenta recuperar la forma y el fondo con un guion original que involucra un misterioso Instituto, el cual asegura contar con el remedio absoluto contra la crisis existencial de nuestros tiempos. ¿Será esto posible?

 

A Cure for Wellness
20th Century Fox México

Dirige:
Gore Verbinski (Rango)

Escribe:
Justin Haythe (El Llanero Solitario)

Actúan:

¿De qué trata?

Lockhart (Dane DeHaan), joven y ambicioso ejecutivo de una firma financiera, es enviado por el consejo consultivo en busca de Pembroke (Harry Groener), socio clave que de buenas a primeras decidió abandonarlo todo y refugiarse en un balneario ubicado al pie de los Alpes suizos. La recompensa de cumplir con su encomienda incluye, entre otros privilegios, obtener el ascenso definitivo que lo consagre en la élite financiera internacional. El plazo es de 24 horas y no piensa desperdiciar un segundo para conseguirlo.

El traslado del ambiente aséptico de las oficinas bursátiles hacia la viveza campestre sucede de inmediato, así que la obligación de Lockhart se antoja un simple trámite hasta que se topa con las reglas burocráticas del retiro, administrado por el doctor Volmer (Jason Isaacs), quien lo convence de volver por Pembroke más tarde y, una vez concluido su tratamiento diario, llevarlo de regreso los Estados Unidos. Lockhart acepta el trato a regañadientes, pero mientras se dirige a la villa próxima para hospedarse sufre un accidente vial que lo deja inconsciente tres días, fracturado de la pierna derecha y fichado, por voluntad propia, en el Instituto Volmer. Nada que ver con su plan original.

 

 

 

Lo bueno

La introducción y el primer acto, donde se plantean la premisa y las reglas del juego, marchan con un ritmo notable que elevan las expectativas hacia una trama de aspiraciones serias. Incluso los postulados que acusan la severa crisis de la condición humana, hundida en la codicia material y de consumo, otorgan sentido y razón al discurso de Volmer a la hora de patentar La Cura para los flagelos de la sociedad actual. La firmeza y elegancia de cada plano construye secuencias eficientes que alimentan la intriga del espectador. Es aquí, durante la germinación de la película, que Verbinski construye las escenas más memorables y derrocha ingenio para narrar la historia.

El diseño de producción y la dirección de arte no tendrán inconveniente en declarar las facturas de un presupuesto estimado en 40 MDD. Aprovechan con creces las locaciones alemanas para envolver entre el encanto y el misterio los enigmas encerrados en el sanatorio Volmer. Cabe resaltar el desplazamiento inicial de Lockhart, aunque sucede en la zona occidental europea, y la frontera alpina resulta determinante, no deja de respirarse cierto aire transilvano. La Cura Siniestra actualiza elementos de la novela gótica y no tiene el menor empacho en ocultarlo.

La actuación de Dane DeHaan en el rol protagónico como Lockhart. La sospechosa similitud de la trama con “La Isla Siniestra” (Scorsese, 2010) me hizo recordar los años mozos de Di Caprio (¡Sí se parecen!) Su transformación de voraz ejecutivo financiero hasta un paciente deteriorado al borde del colapso físico y mental, dan cuenta de un registro extendido. En general, el filme cuenta con un reparto conciso y eficaz ante las exigencias del guion, no hay personaje secundario o incidental que desentone, vamos, que incluso se permite notas campechanas como el chofer Enrico (Ivo Nandi) con modismos chilangos (¿?)

 

Lo malo

Y entonces el desencanto: El arranque prometedor sólo agrava el torrente de frustración desatado tras el primer acto. De hecho, es complicado identificar el relevo de la estafeta episódica una vez que Lockhart queda retenido en el Instituto. Como analgésico de efecto retardado, la historia se extravía en un laberinto difuso, desordenado por acumulación de escenas redundantes e innecesarias que en vez de apuntalar el thriller que tanto anhela, termina por descubrir su carencia brutal de argumentos, además de un desajuste estructural inadmisible para el estándar profesional mínimo. Responsabilidad directa del guionista Justin Haythe y el propio Verbinski, que comparte créditos autorales.

El filme continúa con su preciosismo visual pero sus imágenes van perdiendo significado hasta que sólo queda vidriería de laboratorio y una pócima incapaz de curar el sopor del espectador. La transparencia de su trama ni siquiera ofrece resistencia a conjeturas elementales: sucede lo inevitable y ya muy tarde. El metraje de 146 minutos no guarda clemencia con la paciencia más conservadora, le sobran por lo menos cuarenta de ellos y un tratamiento de guion urgente. Alcanza el clímax agotado y su desenlace sepulta cualquier postulado de intención crítica hacia la condición humana. ¡Una verdadera pena!

 

Conclusión

Duele presenciar cómo la película se marchita junto con el entusiasmo del espectador. Deja el sabor de una oportunidad desperdiciada por entregar un producto cuando menos decente. Sus aspiraciones tempranas apuntaban muy alto y la factura técnica las respaldaba. El agotamiento prematuro subraya la importancia de un guion pulido, ya que puedes contar con los recursos suficientes para poner en marcha una producción multimillonaria, pero sin el amparo de ideas y conceptos desarrollados, reduces el castillo de Hohenzollern a una estructura improvisada de naipes, cuya fragilidad termina por desvanecer las mejores intenciones.
 

 

Geekometro

Final Thoughts

Overall Score 2.5