Cine

El Lobo de Wall Street (Reseña)


El nacimiento del siglo XXI trajo consigo la formulación de un temerario binomio Scorsese y DiCaprio que, en su momento, alimentó los comentarios más escépticos en torno a un dueto insólito que auguraba miras cortas. A poco más de una década desde su primera colaboración (Pandillas de Nueva York, 2002), la quinta entrega de este efervescente par alcanza sin mayor empacho la cúspide de su fusión artística gracias a un peliculón ejecutado con soltura, humor y desenfado apuntalados desde la dirección por la maestría sofisticada de un titán de la cinematografía universal como lo es Martin Scorsese.

 

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The Wolf of Wall Street
Diamond Films México

Dirige:
Martin Scorsese (Los Infiltrados)

Escribe:
Terence Winter (Boardwalk Empire), adaptando el libro homónimo de Jordan Belfort

Actúan:

  • Leonardo DiCaprio (El gran Gatsby)
  • Jonah Hill (Este es el Fin)
  • Margot Robbie (Cuestión de Tiempo)
  • Jon Bernthal (The Walking Dead)

¿De qué trata?

La cinta aborda el caso real de Jordan Belfort (Leo DiCaprio), un corredor de bolsa que durante los albores de 1990 fundó la firma Stratton Oakmont desde la cual amasó una gran fortuna al defraudar a miles de inversionistas incautos con la venta de bonos basura. La obscena cantidad de beneficios porcentuales para él mismo, sus socios y la nutrida plantilla de embaucadores bajo su mando, desencadena una montaña rusa de corrupción y libertinaje inconcebible pero cierta: dinero, sangre, sexo y drogas cobran dimensiones colosales que ofuscan al simpático criminal de cuello blanco y lo condenan a una espiral decadente que amenaza con destruirlo para siempre.

La carrera de Belfort hacia el éxito individual (antes que colectivo) no resulta sencilla. Su meta anticipada de convertirse en millonario lo conduce a trabajar como corredor en Wall Street para el banco de inversiones Rothschild, donde el todavía austero lobezno es aleccionado por Mark Hanna (Matthew McConaughey) un viejo lobo de mar que sin ningún rodeo le recomienda: “sólo asegúrate de mover el dinero de tus clientes a tu bolsillo”. La máxima infalible pudo rendirle frutos casi de inmediato si no fuera por la especulación, aquella finísima fisura del glorioso sistema capitalista que no falla en derrumbar las acciones de todo el mundo en cuestión de horas.

La mala racha no merma el entusiasmo del ambicioso Belford y el destierro de Wall Street lo conduce a un paraje desolador que no muestra detalles de mínima riqueza, sin embargo las rutas del sueño americano, aunque difusas, pueden encontrarse en los sitios menos esperados. A partir de ínfimas acciones de empresas de dudosa calidad, el cachorro consigue afianzar una jauría salvaje, rapaz, idónea para tomar por asalto las ligas mayores de la codicia.

 

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Lo bueno

El Lobo de Wall Street representa, quizá, el evento cinematográfico del año. A pesar de que la temporada de premiaciones incentiva el estreno de las películas más aclamadas por la crítica, el nivel de este filme inspira una trascendencia pavorosa que difícilmente cualquier otra pueda opacarla un poco durante los próximos once meses. Leonardo DiCaprio interpreta el papel de su vida, con un lenguaje corporal capaz de soportar por sí solo un metraje exhaustivo de 180 minutos.

El vanidoso criminal consigue embelesarnos desde el primer instante con su frenética obsesión por avanzar sin ningún tipo de ataduras ni complejos. Nos vuelve partícipes, cómplices del voraz torbellino de excentricidades; nubla la barrera moral más arraigada al tiempo que nos embriaga con el hedonismo más puro. Tal vez por ello no podemos evitar sentir misericordia cuando su decadencia reduce a escombros la fugaz euforia que nos invitó a murmurar “¡wolfie!, ¡wolfie!, ¡wolfie!” durante la función; y rogar una pizca de redención para más tarde vernos invadidos por la culpa el arrepentimiento ante una sentencia legal tibia que no compensa el daño causado a través de la estafa.

No obstante, el descenso a los infiernos tras una temporada de lujuria en el paraíso artificial materialista sugiere que ninguna penitencia mortal resultaría tan efectiva como la Divina y en ello el director atina con genial agudeza.

Lo malo

NADA. ¡Es perfecta!

Comentario

El rudimentario escándalo sobre la posible glorificación del crimen y la banalización de sus consecuencias en esta película proviene de voces críticas, insensibles al verdadero significado de exceso (casi siempre de mal gusto) retratado por Scorsese con ironía en la película. Si bien es cierto que la abundancia económica seduce y el elogio público de no calificar como perdedor persuade, el susurro ético, discreto al principio, contundente hacia el final, prevalece en la figura del agente Patrick Denham (Kyle Chandler): el triunfo de este filme le pertenece, aunque como suele ocurrir con los héroes verdaderos, no cuente con el quórum mínimo que lo ovacione camino a casa, fatigado, con el traje roído, a bordo del transporte colectivo.

Final Thoughts

Overall Score 5