Cine

El Gran Hotel Budapest (Reseña)


Se estrenó finalmente en México la última película del peculiar Wes Anderson, el director más hipster de la historia, en la que tiene por cómplices a un elenco de ensueño para narrar una trama agridulce, con mucho colorido, pastel y una perfección en los detalles y el ritmo, cual si fuera una obra de teatro.

 

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The Grand Budapest Hotel
20th Century Fox México

Dirige y escribe:
Wes Anderson, inspirado en los textos de Stefan Zweig

Actúan:

  • Ralph Fiennes (Furia de Titanes)
  • Adrien Brody (Depredadores)
  • Tilda Swinton (Constantine)
  • F. Murray Abraham (Amadeus)
  • Willem Dafoe (Spider-Man)
  • Edward Norton (Moonrise Kingdom)
  • Saoirse Ronan (La Huésped)
  • Tony Revolori (El Juego Perfecto)

¿De qué trata?

El Gran Hotel Budapest es como una matrioska contada en cuatro tiempos. Y como las famosas muñecas tradicionales rusas, dentro de cada muñeca hay una más: Comenzamos con una chica en la época moderna, quien visita la tumba de un escritor con un libro bajo el brazo; después conocemos a ese escritor (Tom Wilkinson) en la década de los ochenta, quien explica el proceso de cómo llegó a crear su libro, El Gran Hotel Budapest; así es como en retrospectiva vemos a este escritor, ahora joven (Jude Law), hospedado en el hotel en la 1968 y donde conoce a su dueño, el señor Moustafa (F. Murray Abraham) quien comienza a contarle la historia de cómo adquirió el hotel. Así es como saltamos a los años 30, en la Europa del periodo entreguerras y donde Zero Moustafa es un joven botones (Tony Revolori) en entrenamiento bajo el cuidado del concierge Monsieur Gustave (Ralph Finnes). Gustave en un refinado y obsesivo hombre servicial que busca atender las necesidades de sus huéspedes, incluso antes de que sean necesidades para ellos, como bien dicta a Zero. Aunque ello implique atender en la cama a las millonarias octogenarias que se hospedan en las habitaciones de El Gran Hotel Budapest. La trama se complica cuando una de estas mujeres, Madam D. (una Tilda Swinton irreconocible por el maquillaje), muere misteriosamente y deja como herencia a Gustave el codiciado cuadro renacentista “Niño con Manzana”. Lo que lo convierte en blanco de odio de Dmitri Desgoffe-und-Taxis (Adrien Brody) y su matón Jopling (Willem Dafoe). De ahí en adelante todo será una tragicomedia para Gustave y su sidekick Zero.

A través de los 100 minutos de duración de El Gran Hotel Budapest, veremos desfilar una serie de pintorescos personajes, encarnados por grandes actores, aunque sea por un breve cameo. Destacando Harvey Keitel como un matón que planea escapar de la prisión donde injustamente caerá nuestro héroe y Saoirse Ronan, como Agatha, la mujer con una curiosa marca de nacimiento en la mejilla con la forma de México, quien arranca suspiros a Zero y trabaja en la pastelería Mendl, cuyos pastelillos y sus empaques serán la delicia de los diseñadores y hipsters.

La premisa puede resultar muy sencilla, pero dentro de ella va encerrada la complejidad del comportamiento humano, girando en torno de la lealtad y el amor en su estado más puro. Pero también están presentes las relaciones padres-hijos, la familia y la curación de las heridas emocionales, temas recurrentes en la filmografía de Wes Anderson, donde el aire melancólico y nostálgico también está presente. Pero además, no deja fuera el horror de la guerra y las consecuencias de la misma.

La narrativa visual de Anderson, coquetea con el surrelismo, sin llegar a caer en las exageraciones de otros directores. Su estilo característico impregna los decorados vintage, una peculiar paleta de colores que definirá a los personajes y su entorno, simetría en las composiciones, largos travellings donde la cámara recorre de un extremo a otro el escenario o que van de lo particular a lo general y viceversa.

Sin duda, estamos ante la mejor película que ha realizado Anderson hasta el momento.

 

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Lo bueno

Ralph Finnes realiza una actuación exquisita con su Monsieur Gustave. Nunca lo han visto así. Su personaje es totalmente fársico, muy teatral. Un pobre diablo, amanerado y refinado, que encaja muy bien entre las socialité para la que está trabajando. Y pensar que la primera opción de Anderson para interpretar a Gustave era Johnny Depp… De la que nos salvamos.

La fotografía, en complicidad con el diseño de producción, nos transporta completamente a esas diferentes décadas. Y quizás como capricho, cada época la filmó en 3 diferentes tamaños (1.37, 1.85 and 2.35:1), tal y como hubieran sido filmadas en esos años. Así por ejemplo, las imágenes de los años 30 son prácticamente una caja cuadrada. ¿Mucho más cool que solo filmarla en blanco y negro, no es así?

La partitura original, compuesta por Alexandre Desplat, es una belleza. Las películas de Anderson siempre se han destacado musicalmente y está no es la excepción.

 

Lo malo

Por muy pretenciosos que suene, las películas de Anderson no son para todos los gustos. Hay que saber apreciar su trabajo para poder disfrutarlo, no son las comedias donde ríes a carcajadas o donde veras dinamismo con la cámara y la edición. De hecho Anderson es repetitivo en la construcción visual de sus películas.

 

En Resumen

Si eres fan de Wes Anderson, no es necesario que te la recomiende para que corras a verla. Seguramente ya lo hiciste y sabes que encontraras todo lo que te gusta de su trabajo. Si eres nuevo en el universo naif de este director, vale la pena que le des una oportunidad y ver algo diferente a lo que te ha acostumbrado el cine gringo. Puede que te guste o quizás te aburra como a muchos de sus detractores.

Geekometro

Final Thoughts

Overall Score 4.6